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domingo, 7 de febrero de 2010

dame fuerzas...

fuerzas para poder enfrentarte cuando vuelvas,
para aguantarme los besos en mis labios,
los suspiros mutilarlos en el pecho
y coartar las miradas que me delatan vulnerable...

Hoy, estuve en ese rincón en que nos besamos,
al lado del mar y de tu calor,
no puedo evitar pensar que te quise tanto,
¡qué digo, pero qué digo!
¿Por qué tendría que mentir si aquí nadie me escucha...?

Te quiero tanto... que no sé por qué se me llena el alma
cuando pienso en que quizás algún día quieras volver a besarme,
tal vez quieras... de verdad
y en mi esperanza de que eres alguien mejor de lo que has sido
vivo engañada y peor aún, enamorada intensamente
de cada una de tus células...

Dios mío... ¿cuál es el remedio para esto que me desborda?

Antítesis... ese el título de nuestra historia,
corta pero intensa, llena de mar y estrellas.

No puedo dejar de sentirlo, te quiero, te quiero...

a pesar de todos y cada uno de tus estúpidos y egoístas errores,

por alguna razón incomprensible

yo te amo.

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